Oscar Wilde

Mi hija tiene un libro de "El príncipe feliz" que le dio su papá. La colección es "Los grandes para los chicos", de editorial Collihue.

Faltan un par de años antes de que ella pueda prestar atención a la lectura completa de las 38 páginas, pero le gusta manipular el objeto y que leamos lo que alcanza a querer escuchar. Recuerda bien que la estatua está en un pedestal y que tiene una espada, busca la imagen del junco; no hace mucho caso de la golondrina.

Lo que sí ha escuchado de principio a fin es la breve introducción que es una semblanza de Oscar Wilde. No tiene firma, así que supongo que es de Liliana Viola, quien tiene el crédito por la edición y presentación del libro.

La semblanza es un textito muy agradable, muy bien pensado para los niños, sin las concesiones que a veces se hacen creyéndoles poco inteligentes. Son apenas dos párrafos y queda claro quién era Wilde. Esta parte me encanta:

"Su madre, que le creía, le dijo una vez: 'Hay que andar por la vida como si uno fuera el personaje de un magnífico espectáculo'. Y entonces Oscar, que también creía en su madre, encargó ropa de teatro, corbatas de colores y salió a la calle, a contar historias extraordinarias".

Abandono y vacío

Citas tomadas de "Los hijos terribles de la Edad Media", de Peter Sloterdijk:

"No conoces los inicios, los finales son oscuros, en alguna parte entremedias has sido abandonado. Estar en el mundo significa estar en lo oscuro".

"¿No ha de irse a pique el viejo mundo para que los póstumos consigan reconocer sobre qué presupuestos tan insostenibles estaba levantado lo ahora hundido?"

"Los libres no son solo aquellos que se han librado de un señor. Son también aquellos a los que se ha dejado plantados en medio de la calle sin explicación alguna".

"El gesto del rabioso de vacío consiste en el fallo de cometer el error de excederse en signos vitales insensatos con la esperanza de eludir la falta de sentido mediante el ajetreo".

"Nada hiere tan profundamente como la sospecha de que todo podía ser completamente diferente. No hay una idea más sombría que pensar que los antepasados divinos, a los que se debe lo que se es, no fueron más que gotas en el océano de posibilidades mejores".

Linterna

El protagonista mira un álbum fotográfico con una linterna. Atrás de él, durante un par de segundos, se ve la luz de algo como una linterna, de alguien que le mira a él. En mi puerta un círculo de luz desaparece en lo que volteo.

Ya no garantiza nada dejar la luz prendida para ver una película.

Por: Silvia Parque.

Publicado originalmente ACÁ, en No soy Sylvia Plath.